Las formas en que las personas pueden adaptarse a una situación varían no sólo de persona a persona sino de situación a situación. La misma persona puede tener dificultades para adaptarse a una situación y menos para otra, y la misma situación puede ser difícil para determinada persona mas no para otra.

Las razones de estas diferencias se deben a tres factores fundamentales: estrés, control y vulnerabilidad. El estrés se refiere a una respuesta psico-fisiológica que experimentan las personas cuando tienen que actuar frente a una exigencia, urgencia u oportunidad que deba ser aprovechada. A niveles normales, el estrés es incluso saludable y necesario, ya que activa al organismo de tal forma que busque adaptarse más eficientemente a las circunstancias.
Cuando surgen cambios repentinos, las personas experimentan estrés psicológico, lo cual es una respuesta natural que tiene como propósito alertar al organismo y hacerlo adaptativo a las nuevas exigencias. Sin embargo, no todas las personas reaccionan de la misma forma —tomando en cuenta las diferencias de carácter o personalidad—, y la forma en que afrontan las nuevas exigencias determinará en gran medida los resultados que obtengan al final.
Los resultados dependerán de las capacidades de afrontamiento que cada quien posea en su repertorio de respuestas. Así, por ejemplo, adquirir un pensamiento negativista frente a la situación sería menos efectivo que poseer uno constructivo o positivo. De la misma forma existen otras capacidades de afrontamiento que tienen que ver más bien con la forma de pensar y la toma de decisiones. Entendemos entonces que la actitud que se adopta es importante. Manejar los problemas conforme estos se presenten en lugar de querer tenerlo todo preparado por anticipado es otra forma de afrontamiento que puede ayudar a una mejor adaptación.
Existen otras formas de afrontamiento tales como adoptar un comportamiento flexible. Tener alternativas diferentes de respuesta o simplemente evitar responder siempre de la misma forma puede llevar a resultados más positivos. Así mismo ayuda mucho una buena retroalimentación para uno mismo sobre qué técnicas de afrontamiento han funcionado mejor y cuáles no. El resultado siempre dependerá en gran medida de las estrategias de la situación y las habilidades para aplicar esas estrategias.
No podemos esperar todo el tiempo a que las condiciones ambientales cambien y a veces tampoco podemos cambiarlas, en cambio, podemos adoptar una actitud diferente y hacernos más adaptables. Aún así, debemos tomar en cuenta un tercer elemento el cual, probablemente, es sobre el que tengamos menos injerencia: la vulnerabilidad.
La vulnerabilidad depende en gran parte de factores hereditarios, como nuestro temperamento. En realidad siempre existe una combinación entre lo heredado y lo aprendido en este punto. Una persona con vulnerabilidad o propensión a las enfermedades mentales como la psicosis o la esquizofrenia —tener un padre esquizofrénico— es más vulnerable al estrés que otra que no tiene este antecedente. La vulnerabilidad también puede ser la causa de otros trastornos de ansiedad como el trastorno de angustia o el trastorno de ansiedad generalizada. Las características de personalidad así como la falta de estrategias y habilidades necesarias, o un repertorio pobre de respuestas son, por tanto, elementos que definen la vulnerabilidad de un individuo al estrés.
Entonces tenemos que la vulnerabilidad puede deberse a una miriada de factores que en cierta forma deberemos aprender a identificar. Las personas, por ejemplo, pueden haber sufrido un acontecimiento estresante reciente y de alta impresión, lo cual también es un acontecimiento desafortunado que vulnera el control de afrontamiento en situaciones similares futuras. Otras personas, en cambio, son vulnerables ya que simplemente no manejan las situaciones de forma adecuada o carecen de técnicas apropiadas de afrontamiento.
Ya sea por herencia, falta de estrategias o experiencias traumáticas, la vulnerabilidad al estrés es un factor de alto riesgo que puede evocar con más facilidad todas las consecuencias negativas propias del estrés patológico. Mientras mayor sea el grado de vulnerabilidad en una persona se requerirá de menor cantidad de estrés para desarrollar un comportamiento desadaptado (trastorno de ansiedad), y viceversa, a menor vulnerabilidad se requerirá mayor estrés para provocar el trastorno.
Ya que resulta imposible evitar todas las situaciones estresantes en la vida, la mejor forma de lidiar con estas es aprendiendo nuevas y mejores estrategias adaptativas que fortalezcan al individuo y lo hagan más apto y adaptable en términos generales.

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